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Brassai |
El recuerdo de abrazos y caricias, de pasiones y deseos, de manos
y piel en una danza suave, besos, pelo revuelto, sonrisas, suspiros. Me
pregunto a veces porque esto, todo esto que pasó sigue presente en mi cuerpo,
como pequeñitas cicatrices y antiguos caminos que tomé y en los cuales viajé
como la gran aventurera que fui, que nunca he parado de ser, que siempre seré,
en mi cuerpo y en mi mente, arriesgándome al equivoco, no pasa nada. Hace mucho
tiempo, pero mucho, amé con misterio y alegría. Como mariposas perdidas y sin
rumbo sus nombres revoletean en mi mente, pidiendo espacio y dirección. Yo solo
recuerdo camas alegres, conversaciones, paseos. Hubo sin embargo otras cosas. Algunos
nombres, que guardo secretamente en una libreta de anotaciones personales: un día
lo quemaré todo, cuando sea luna negra. Sí, quiero sin embargo recordar lo feliz
que fui en medio de tempestades y lo
fuerte que me hice y las pequeñas cosas que entendí. No hay que olvidar que
existe, como el veneno de algunas serpientes, la otra cara, la misteriosa cara oscura y dual
de toda realidad y porque supe ver sus dos lados (y porque me mordieron los dos
lados) ahora, sinceramente, prefiero libros sobre mi cama y mis gatos y mis
perros. Y el silencio de mi habitación ocre y el otoño. Cada mujer es un mundo.
Y en todos estos nuestros mundos caben
lugares para cuentos, historias, leyendas. Los príncipes existen, también los
dragones. Lo que no sabíamos es que somos todo a la vez, que el dragón esta en
nosotras y también el príncipe. Ahora
hemos entendido que podemos decidir como termina la historia, como tiene que
acabar este cuento. Y es por eso que mis recuerdos son mariposas de una gran
belleza pero solo son recuerdos de mariposas fugaces viajando en lugares y
fronteras en mi memoria, marcas, pasajes. La realidad es esta cama vacía, que
he elegido vacía, los libros que me esperan cuando el anochecer se asoma, los
perros que miran en silencio mis paseos nocturnos, mis lecturas difíciles y mis
gatos que deducen de mi ignorancia.
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