domingo, 9 de diciembre de 2007

Ensayando Bodas de Sangre



Siempre pasaba lo mismo. A cada vez que la Madre decía

Por eso pregunto quién es. Porque tengo que no reconocerla, para no clavarla mis dientes en el cuello.

A mí me entraban ganas de reír.

Entonces Begonia, la Madre, alzaba los brazos exasperada y se apartaba un poco del escenario para encenderse un cigarrillo. Siempre los llevaba en un bolsillo de su ancha y espesa negra falda. El director, el señor Severs, entraba por el lado derecho de la escena, impaciente y nervioso.

- Señorita, me decia, ¿Qué esta pasando aquí? My goodness, I´m gonna have a panic attack. Y me voy a morir aquí mismo, en medio de esta tragedia española.

Todos estábamos muy nerviosos, es cierto, siempre es así antes de una representación en público. Uno se transforma en cable eléctrico de alta tensión.

Mientras el señor Severs me regañaba y mientras yo estudiaba su frente húmeda, la Novia repetía sin cesar, como un mantra, una frase que siempre le costaba mucho decir

¡Déjala! Que quiero que sepa que yo soy limpia, que estaré loca, pero que me puedan enterrar sin que ningún hombre se haya mirado en la blancura de mis pechos.

El Novio, un chico muy simpático de Galicia, siempre decía que la Novia quizás tuviese los pechos blancos pero que eso de que ningún hombre los hubiese visto no se lo creía ni Lorca. En realidad todos los hombres del grupo, todos sin excepción, querían ver estos pechos. Sobretodo Leonardo. Cuando recitaba

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua! Porque yo quise olvidar y puse un muro de piedra entre tu casa y la mía. Es verdad. ¿No lo recuerdas? Y cuando te vi de lejos me eché en los ojos arena. Pero montaba a caballo y el caballo iba a tu puerta.

... se le entornaban los ojos que tenía muy negros y vivos y todos sabíamos a que caballo se estaba refiriendo. Corrían rumores en el grupo de que Leonardo y la Novia habían sido compinches de cama, años atrás. Y de que volvían a serlo. Y de que Begonia no podía soportar esta situación.

Begonia no tenía la figura estilizada de Joanna, la Novia. Begonia era más bien feúcha, corta de patas y redondeta. Por esto el papel de la Madre le fue atribuido, estoy segura. A mí me dieron el de la Mujer de Leonardo, que por cierto me cayó como una piedra en el alma ya que yo también hubiese deseado ser la Novia, (quien no), y murmurar bajo la noche llena de luna a un Leonardo viril y fuerte

¡Ay que sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena,
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera,
porque me arrastras y voy,
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.


Estabamos ensayando en un pequeño teatro de la rectilínea ciudad de Calgary, después de haber ganado un concurso en un festival de Teatro Amateur en Montreal. Faltaban dos días para la gran representación y el director, el señor Severs estaba muy, pero muy impaciente. Era la primera vez que dirigía actores españoles, actores de teatro amateur. No entendía, por ejemplo, que a tan poco tiempo de la Première, por la noche, en vez de descansar y dormir, los actores se pasasen horas y horas cantando y bailando flamenco y no parasen de entrar y salir de las habitaciones del hotel como si estuviesen en una feria de pueblo.


Por ahí se veía a la Novia infiltrarse sigilosamente en la habitación de Leonardo; luego la Madre aparecía toda vestida de verde en la de la Novia. El cuarto del Novio también se abría y ahí pasaba la Mendiga que ya no vestía trapos; mientras tanto en la habitación de la Luna, iluminada y fresca, entraba con suavidad la Suegra, que de suegra solo tenía el pelo y que luego, con pelo y sin luto, se dirigía a paso ligero hasta el paradero del Padre de la Novia que, ya borracho de tanto vino tinto, habia justamente entrado como por equivocación en la habitación de la Criada unos minutos antes. Leonardo él acababa de cerrar rotundamente las puertas de su habitación en plena nariz de la Mujer y ella, sin disgusto, abría las suyas a un Mozo, muy joven y guapo, por cierto… Malas voces, sobre todo viniendo del grupo de los Leñadores, decían que había rollo entre la Madre y la Novia y se les oía susurrar



Pero ya habrán mezclado sus sangres y serán como dos cántaros vacíos, como dos arroyos secos.

Y la Mendiga, de afirmar, cuando menos te lo esperabas

¡De prisa! Mucha luz. ¿Me has oído?
¡No pueden escaparse!


El caso es que los nervios y las mentes estaban a flor de punta, muy histéricos, desenfrenados. Digamos que había tensión, una tensión como el parpadeo de un corazón enjaulado, o como una sangre que ya no puede brotar libremente. Nos mirábamos todos de reojo, con miradas iluminadas por una mala luna. La Madre se volvía cada vez más Madre, más dolorosamente y patéticamente enfurecida por la tragedia que pronto le caería encima. La Novia ya había parado de suspirar melancólicamente y estaba hecha toda una Novia, apasionada y fatalmente infeliz por su destino, espada de Damocles implacable. La Muchacha 1, bastante perspicaz a pesar de lo joven que era, me dijo que Leonardo había roto todo lazo amoroso con la Novia la noche anterior después de una escena de gran dramatismo en la habitación de la Criada

Amante sin habla.
Novio carmesí.
Por la orilla muda
tendidos los vi.


Así son los ensayos. Un baile, un juego, y tanto más. Como la vida misma.

Las citaciones en rojo son cogidas de la obra Bodas de Sangre de Federico Garcia Lorca

1 comentario:

Jose Manuel dijo...

No lo he entendido bien,esa es la verdad,se nota mucho la tension de los ensayos previos al estreno,pero como pones al final,esta un poco confuso para mi.
Que me dices de estos:
Tambien yo,quiero dejarte
si pienso como se piensa
pero me voy detras tuya
Tu tambien,da un paso,anda,prueba
clavos de luna nos funden
mi cintura,a tus caderas
Lo volvere a leer mañana,Lorca da para eso y para mucho mas,hasta para leerlo todos los dias,yo lo leeria todos lo dias.De todas formas,cada uno va a sacar sus propias conclusiones,y yo no he conseguido captarte en el cuento