jueves, 6 de diciembre de 2007

Un día cualquiera, leyendo.


Así pues, he bajado al centro de mi ciudad a por un nuevo teclado. ¡Ah! Es un buen día de descanso, lejos de mi querido trabajo, de mis compañeras, de las habitaciones del hotel. Un día para mí, solamente.

Un día gris pero es igual, llevo el sol dentro de mi cuerpo. Lo primero que hago es pararme en la cálida cafetería cerca de la librería de segunda mano, dónde puedo encontrar libros en ingles a un precio casi ridículo. Un grupo de viejas mujeres toma café en un rincón, yo me siento en la barra y pido un cortado. Es una mañana como otras pero hoy nada corre prisa, o mejor dicho el tiempo corre despacio y suavemente. Abro mi John LeCarré. Es una buena novela y LeCarré siempre me pone de buen humor. Su ironía, su mirada del detalle, sus personajes humanos y su critica del mundo me apasionan. Leerlo es realmente uno de los grandes placeres de mi vida.

La acción de la novela pasa en Asia, en plena guerra de los Khmer Rouge. Justamente, he llegado en medio de una escena realmente interesante en la historia, una escena potente y fuerte: un periodista inglés (pero tambien espía), una joven fotógrafa y un comerciante británico están dentro de un Mercedes (del comerciante) en medio de un camino en plena batalla (pero lejos). El lugar: Phom Penh. Empieza a llover.

- Está lloviendo y no hay ningún crío, esto no es normal, dice la joven fotógrafa.

En Phom Penh si llueve y no hay crios jugando bajo la lluvia es signo de peligro. De gran peligro. Dentro del Mercedes hay un momento de silencio, una especie de limbo mental. El chofer, un nativo que habla francés, ha parado el automóvil.

- Jesús Christ, dice el comerciante. Holy God.

Los ingleses son muy finos. Si el comerciante fuese americano diría simplemente:

- ¡Holy Shit! ¿What a fuck is that?

- El cortado, guapisima.

Levanto la cabeza. Algo en el tono del hombre, como una amargura camuflada detrás de su tono. Es un hombre moreno, interesante y alto y sin embargo su cara está muy triste. Miro de reojo a su compañera, preparando bocadillos a la otra punta de la barra. Y siento la tensión entre ellos como si fuese mía. Ya se han vuelto a pelear.

- Lentamente, dice el periodista.

Y es que del otro lado de la lluvia, del otro lado de la vida y de la frágil protección del Mercedes un camión gris ha cerrado el paso y detrás del Mercedes, del otro lado del camino, otro camión tambien ha hecho lo mismo.

Ay.

- Enseñar las manos, aconseja el comerciante. Que vean nuestras manos... Que las vean sin armas, sin nada, mostrar las manos...

- ¡Paquito! ¡¡¡Me oyes!!!

Una de las ancianas del rincón está hablando con su teléfono mobil.

- ¡Soy Carla, Carla tu tía! ¿¿¿Que no me oyes???

Y, dirijiendose a una de sus compañeras:

- El pobre está sordo, y mira que no tiene ni cincuenta. Que desgracia...

Y es que no se trata de camiones cualquiera. Estamos hablando de camiones ocupados por soldados Khmer Rouge. Y estos están afuera, depié, armados y esperando bajo la lluvia...

- ¡Que si quieres comprar la lotería hijo! ¡La lotería de Navidad!

Maldita tía, pienso.

Corre la voz por toda Asia que es mejor suicidarse antes que caer bajo las manos de los Khmer Rouge. Compañeros del periodista llevan consigo veneno o un pequeño revolver por si las moscas y dispuestos a utilizarlos en caso de que los Khmer Rouge los tomen como prisioneros. El folklore es muy fuerte, en estas regiones.Pero más que folklore se trata de una realidad. Si te cogen, la primera noche es la única noche que tienes para poder escaparte. De lo contrario, estás perdido. Los Khmer Rouge no solamente te quitaran los zapatos pero tambien tu salud y harán de ti lo que ni Dios puede imaginar en sus peores pesadillas.

- ¡Que no hijo, que no! Que no estoy hablando de bollería pero de la lotería. ¡Joder!

El Mercedes avanza lentamente hacia su destino. Y llueve, llueve sin parar y hay tensión en el auto. Una cosa es segura: si logran pasar el baraje, vale. Pero de lo contrario entrarán de pleno en el magnifico infierno de Pol Pot.

- ¿Que no ves que a este maldito bocadillo le falta el queso?

Ha hablado fuerte, el morenazo. Levanto la cabeza, de nuevo. Que pena que un hombre tan así haga pareja con una mujer tan asá. Cosas de la vida...

Todos sabemos lo que hicieron los Khmer Rouge, para esto no hace falta mucho conocimiento en Historia. Mataron sin piedad, torturaron, aniquilaron, fueron responsables de un genocidio, otro. Enfin, la triste vida...

El Mercedes va avanzando con mucha lentitud. ¿Pasará por el hueco entre el borde del camino y el camión? ¿Y si no pasa, si no hay espacio, si, por cosas así, del destino, los Khmer Rouge deciden parar el automóvil, vaciarlo de sus ocupantes?

- Lentamente, muy muy lentamente, vuelve a decir el periodista.

¿Cuántos fueron? Dos millones, o algo así, los que murieron bajo el yugo de estos hombres demoniacos, dementes, locos.

El Merce...

- ¡Cinco euros, hijo, solo cinco euros!

Cierro el libro de un golpe fuerte. Basta. La vieja chillona me mira con sorpresa. Yo, simplemente, me pongo a reír. El guapetón me guiña un ojo. Pago el cortado y salgo de la cafetería. Que bonito día, pienso.

1 comentario:

☆Chapellina dijo...

Muy buenos tus cuentos. Me gustan!

:-)